En las últimas semanas, varios factores han tensionado el precio de la electricidad en España: la escalada del conflicto con Irán ha encarecido el gas , y el apagón del 28 de abril ha obligado a Red Eléctrica a operar en un modo reforzado con costes adicionales. Aunque España depende cada vez menos del gas, el impacto sigue notándose en la factura.
Para entender esta subida, existen tres claves fundamentales: la generación, la fijación de precios y tu tipo de tarifa.
La electricidad en España se produce a partir de distintas fuentes:
En los ciclos combinados se quema gas y esa energía térmica se transforma en electricidad.
En los últimos años, España ha incorporado cada vez más energías renovables. Esto hace que el impacto de situaciones como la actual sea menor que en otros países, ya que en muchas horas del día —especialmente a mediodía— la demanda se cubre con energía solar, eólica, hidráulica y nuclear sin necesidad de utilizar gas.
El mercado eléctrico funciona con un sistema marginalista.
Las comercializadoras compran la energía que prevén que necesitarán sus clientes, y los generadores ofertan su producción a distintos precios. Se va comprando primero la energía más barata y, progresivamente, la más cara hasta cubrir toda la demanda.
La clave es esta: la última energía que entra es la que fija el precio para todas.
Cuando entra el gas, no solo es una energía más cara: marca el precio de toda la electricidad en esa hora
Además, si hay poco viento o está nublado, puede ser necesario utilizar gas incluso en horas centrales del día, elevando también el precio.
Más allá del mercado diario, hay otro elemento que impacta en el precio: los servicios de ajuste.
La electricidad no siempre se genera donde se consume, y la red tiene limitaciones técnicas. Para garantizar su estabilidad, el operador del sistema —Red Eléctrica— puede modificar qué centrales deben funcionar en cada momento. Esto implica que a veces se activa generación adicional, y gran parte de esta generación proviene de ciclos combinados (gas).
Tras el apagón del 28 de abril, Red Eléctrica está operando en un modo reforzado: en muchas horas del día modifica la generación contratada en el mercado para favorecer determinados tipos de generación que aportan estabilidad al sistema. El resultado es que hay más horas en las que se utiliza gas y, por tanto, los costes de los servicios de ajuste son más altos.
Esta situación ya se estaba reflejando en los precios antes incluso de la reciente subida del gas. Por ejemplo, en febrero de 2026, mientras el precio medio del mercado mayorista era de 16,4 €/MWh, los servicios de ajuste llegaron a 27 €/MWh —más caros que el propio mercado mayorista.
El precio del gas influye en dos partes del coste eléctrico:
Por eso, cuando sube el gas —como ocurre en un contexto de conflicto internacional— sube el precio de la electricidad
No todos los clientes lo notan igual, la subida del precio de la luz puede afectarte más o menos en función de la tarifa que tienes contratada:
Ante esta situación, el Gobierno ha aprobado medidas para reducir el impacto en la factura y ayudar a consumir menos energía. Se agrupan en dos bloques:
Estas reducciones se aplican a las facturas emitidas desde el día siguiente a su publicación en el BOE y hasta junio. Son medidas condicionadas: se mantienen mientras el precio de la electricidad supere un determinado umbral, y se revisarán si el mercado se estabiliza.
Además, se han puesto en marcha ayudas para reducir el consumo y la dependencia del mercado:
El objetivo es utilizar menos energía (eficiencia), menos energía de la red (autoconsumo) y menos energía en las horas en las que es más necesario producirla con gas (baterías).
Aquí es donde la situación se vuelve interesante, porque el impacto de la subida y el del ahorro no llegan al mismo tiempo para todos.